Las bolsas mundiales cerraron una semana de pérdidas marcada por la subida del petróleo y la incertidumbre sobre la rentabilidad de las inversiones en inteligencia artificial (IA). El Brent llegó a 117 dólares por barril, su nivel más alto desde abril, mientras las tensiones en Oriente Próximo y los daños reportados a petroleros en el estrecho de Ormuz reavivaron la preocupación por el suministro y la inflación.
El encarecimiento de la energía coincidió con inquietud por el coste de financiar grandes proyectos tecnológicos y con tensiones en el mercado de deuda soberana europeo. La combinación llevó a los inversores a reducir exposición a activos de riesgo y a buscar refugio en bonos de Estados Unidos y Alemania.
El petróleo reaviva el temor a la inflación
La evolución del crudo estuvo muy ligada a las noticias sobre el conflicto en Oriente Próximo. Según la cobertura de la semana, el precio cayó temporalmente tras informaciones sobre una posible reanudación de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, que después fueron desmentidas, y volvió a subir ante la preocupación por una escalada y sus efectos sobre el suministro.
Un petróleo más caro puede trasladarse a los costes de transporte, producción y energía de las empresas. También puede complicar la contención de la inflación. Esa posibilidad preocupa a los mercados porque podría limitar el margen de los bancos centrales para bajar los tipos de interés o mantenerlos estables. No implica por sí sola que vaya a producirse una subida de tipos: se trata de un riesgo que los inversores incorporan a sus expectativas.
Las dudas sobre la IA se centran en la financiación
El otro foco de presión fue la escala de la inversión necesaria para construir centros de datos y adquirir chips. Los mercados están evaluando cuánto tiempo podría transcurrir antes de que esos desembolsos generen retornos suficientes y cómo se financiarán si las compañías no pueden cubrirlos con su caja operativa.
La atención se dirigió, entre otros casos, a Meta. La empresa anunció un aumento de sus gastos de inversión y, según las informaciones publicadas, prevé necesitar cientos de miles de millones de dólares a lo largo de varios años para financiar su infraestructura. La cobertura también señaló un flujo de caja trimestral negativo, el primero desde 2013 en que la caja operativa no cubrió sus inversiones. Ese dato alimentó las dudas sobre la capacidad de las grandes tecnológicas para sostener el ritmo de gasto con recursos propios.
También pesaron las señales de otras compañías: Tesla comunicó un beneficio menor y una previsión de inversión recortada, mientras CoreWeave, que ha recurrido a deuda para adquirir chips de Nvidia, atravesó sesiones de volatilidad. Estos casos no prueban que la IA sea una burbuja, pero ayudan a explicar por qué el mercado está prestando más atención al coste del capital y a la generación de caja, además de al crecimiento esperado del sector.
La deuda francesa añade tensión a los mercados
La subida de los rendimientos de la deuda soberana europea fue otro elemento de preocupación. El bono francés a diez años superó el 5% durante la semana, un nivel que las informaciones sitúan en máximos de 24 años. La prima frente al bono alemán se amplió, reflejando una mayor diferencia entre el coste de financiación de ambos países.
En España, la prima de riesgo también se ensanchó ligeramente. A escala global, los inversores buscaron refugio en deuda estadounidense y alemana. El movimiento refleja cautela ante el contexto económico y político, pero no equivale a una predicción de impago francés: los analistas citados en la cobertura describieron un riesgo estructural y un posible lastre prolongado, no un impago inmediato.
Caídas en las bolsas y búsqueda de refugio
El Ibex 35 perdió un 1,7% en la semana, hasta situarse en torno a los 18.800 puntos, pese a un repunte en la última sesión que moderó el retroceso. En Europa también hubo descensos semanales: el Dax alemán cayó un 2,3%, el Mib italiano un 3,5% y el Cac francés un 2,8%. En Estados Unidos, el S&P 500 terminó la semana prácticamente sin cambios, mientras el Nasdaq registró una de sus sesiones más débiles desde junio.
La respuesta no fue uniforme entre activos. Los bonos estadounidenses y alemanes recibieron demanda como refugio, mientras que el oro no logró desempeñar ese papel durante la semana y bajó de los 4.000 dólares por onza. Entre las acciones, las empresas tecnológicas y algunos valores financieros estuvieron entre las más presionadas en distintas sesiones.
Qué observar en las próximas semanas
Para las empresas, el episodio subraya la importancia de vigilar tanto la evolución de los costes energéticos como las condiciones de financiación. En el sector tecnológico, el debate no se limita a cuánto se invierte en IA: también gira en torno a si los proyectos pueden generar caja y retornos que justifiquen el gasto. En paralelo, los movimientos del petróleo y de los rendimientos de la deuda seguirán condicionando las expectativas de inflación y el apetito por el riesgo.
La corrección semanal, por sí sola, no permite concluir que haya comenzado una burbuja ni anticipar la dirección futura de los mercados. Sí muestra que, cuando coinciden incertidumbre geopolítica, energía cara y grandes necesidades de financiación, los inversores pueden reevaluar con rapidez el riesgo y las valoraciones.