A tres años del inicio del gobierno de Javier Milei, la economía argentina presenta un balance desigual: la estabilización de las cuentas públicas y la desaceleración de la inflación coexisten con una actividad sin impulso y dificultades para trabajadores, comercios y empresas orientadas al mercado interno. Esa es la tensión central del análisis del Financial Times, titulado “Milei’s economic reforms under pressure”.
El diario británico reconoce avances en los indicadores macroeconómicos, pero describe un costo económico y social que sigue pesando sobre la recuperación. El resultado, según el análisis, no puede resumirse solo en el control de los precios o el equilibrio fiscal: también depende de si esos cambios se traducen en más actividad, empleo e ingresos.
Avances macroeconómicos y demanda debilitada
Entre los resultados destacados figuran el superávit fiscal y la caída de la inflación desde un pico cercano al 300% hasta el 34%, según las cifras citadas en las coberturas del artículo. También se menciona una mejora en las condiciones de financiamiento del país. La estabilización fiscal y las reformas de mercado, plantea el Financial Times, han fortalecido las finanzas públicas respecto de años anteriores.
Pero una inflación más baja no significa que los precios hayan vuelto a niveles previos ni que los ingresos hayan recuperado automáticamente su poder de compra. El análisis recoge estimaciones de Equilibra según las cuales los salarios reales permanecen cerca de 10% por debajo de los niveles de comienzos de 2023. Además, cifras oficiales citadas por el diario contabilizan unos 300.000 empleos formales perdidos desde el inicio de la gestión.
La debilidad de la demanda interna también afecta a los comercios y a las empresas. Algunas valoran la flexibilización de restricciones a las importaciones y de regulaciones, pero enfrentan consumidores con menor capacidad de gasto y una mayor competencia de productos importados. De acuerdo con Invecq, la inversión total retrocedió 13% desde 2023.
Una recuperación desigual entre sectores
El panorama no es uniforme. La minería y la energía muestran dinamismo, mientras las exportaciones de soja y carne contribuyen a aliviar la escasez de divisas. Estos sectores pueden crecer aunque el mercado interno continúe débil, por lo que el avance de las actividades exportadoras no implica por sí solo una recuperación extendida al conjunto de la economía.
Martín Rapetti, fundador de Equilibra, describió la brecha así: “Hay enclaves de gran crecimiento, pero el resto de la economía está estancado o en contracción”. También sostuvo que los empleos que desaparecen en sectores en retroceso no están siendo absorbidos por la minería y la energía. La diferencia entre el desempeño de esas actividades y el de los negocios dependientes del consumo local es uno de los puntos clave del diagnóstico.
El artículo también recoge la evaluación de JPMorgan, que considera que Argentina podría estar entrando en una recesión técnica, entendida como dos trimestres consecutivos de caída del producto interno bruto. Se trata de una estimación atribuida al banco, no de una confirmación de que esa condición ya se haya producido.
El desafío político de cara a 2027
El Gobierno sostiene que la estabilidad y una eventual reducción del riesgo país podrían abrir paso a inversiones de gran escala, especialmente en recursos naturales. También puso en marcha iniciativas para promover el crédito hipotecario y flexibilizar las condiciones para que los bancos otorguen préstamos en dólares a empresas. Son expectativas y medidas que el análisis menciona, no garantías de que la inversión o el empleo vayan a recuperarse en un plazo determinado.
Milei ha descartado cambiar el rumbo de su programa. En paralelo, la oposición peronista, todavía fragmentada según el artículo, busca centrar sus críticas en el costo del ajuste para la industria, el comercio y el empleo. La elección de 2027 aparece así como un horizonte político relevante: el oficialismo apuesta a que la estabilización y las inversiones compensen las dificultades actuales, mientras que sus adversarios destacan el estancamiento y la pérdida de poder adquisitivo.
Para las empresas, el análisis deja una cuestión concreta: la evolución de los sectores exportadores no basta para anticipar la situación de todo el mercado. La demanda, el acceso al crédito, los costos y el empleo pueden comportarse de manera distinta según la actividad y la dependencia del consumo interno. El material disponible no permite concluir cuándo —o en qué medida— se extenderá la recuperación a esos sectores.